Eran y siguen siendo, porsuerteygraciasadiosylavirgen,
33 los mineros que se quedaron en la mina, atrapados como ratas. Treinta y tres.
Que es un número. Y todos juntos encima, al mismo tiempo. Bien al fondo, tan hondo que redime: más o menos la onda es que somos todos hermanos, primer, cuarto, tercer mundo y se hace un tubo que se incrusta en la tierra (cuidadito, cuidadito) y listo. PAFUERA.
Eso sí, antes había que informarnos
con la música adecuada que los 33 habían tenido
una vida de mierda (no por la mala distribución, no por las pésimas condiciones laborales, no por la falta de educación, no por la exclusión): a uno de ellos (subí la música, ¿querés?) el padre se le había muerto a los dos años y… (¡Más alto, carajo!) había tenido que salir a mantener a su familia. Pero también se mitigó la lacrimología, por supuesto: toques simpáticos, como los cuernos que le estaba metiendo uno a su mujer. ¡Simpatiquísimo!
Algo más que no está de más: 33 días excavando el pozo, para caerse en la semana 33 del año, el trayecto al hospital les llevó 33 minutos (totalmente comprobado), 33 países enganchados en el
Minero´s reality. Además Cristo llegó hasta los 33 y además los primeros discos que reprodujeron música tenían 33rpm y además los médicos te hacen repetir “diga 33” y uno lo dice, claro, y además cuando mueras vas a seguir con tu cuerpo modelo 33 (según los musulmanes), y además el Paraíso o el Edén está a 33 grados latitud norte (Lean la Biblia, manga de vagos, igual aclaro por si lo buscás, eso sería Irak). Y sí, también además son 33 los cantos que forman las tres partes de la
Divina Comedia. ¡Puf, me cansé! Sigo un poco nomás: Los 33 mineros tocados por la buena fortuna del 33 (número maestro, eh).
Por eso que un magnate de algo diga ahora que recompensará a estos 33 tipos con suerte no sorprende (a mí me volcaniza).
¿Qué dirán los que quedaron afuera del clan 33, los no afortunados de haberse perdido el rescate histórico y un buen abrazo del presidente y su bella dama? Puede que el consuelo se les confunda con la ilusión de que la próxima vez sean ellos
los lucky thirty three. Ahora, mientras los flashes son para otros, mineros ignotos, les toca salir a laburar…