Hay dos cosas que me levantaron la presión este mediodía que me tenía tirada en el sillón (soy de las que se bajan del colectivo porque se desmayan del calor o que si no lo hacen piden con cara moribunda un asiento o se improvisan uno en donde sea):
1) la frase de juglares del periodismo, y cito como recuerdo: “Si esto hubiera pasado en Argentina –había algunos que incluso ampliaban los horizontes y lo hacían extensivo a toda Latinoamérica-, nos moríamos todos”. 2) el discurso de mister president BigMac.
Cosa primera: esa frase poco atinada. ¿Por qué cada vez que nos desayunamos con una tragedia así, nos tienen que incluir en el combo pataditas de ese estilo? Que cualquier palurdo capta lo que se pretende adoctrinar: en este caso, que qué para el carajo estamos, que siempre seguiremos siendo de cuarta. Y ojo que no se me escapa que por estos lados de construcciones antisísmicas, ni en noticia, cosa que no es divertido. Ni tampoco que sea poco probable tranquiliza o da el derecho de andar arremetiendo contra frases que podrían ser ciertas.
Pero me revienta. Porque la acumulación de palos de ese estilo saturan en determinado momento, cuando es obvio hacia dónde van los dardos. El punto es que si pasa, pasa: alta mentalidad mediocre, poco provisora y adolescente. Puede ser. Como también que el modelito a seguir, la moraleja de esta frasecita sea Japón, Japón, qué grande sos. Pero no por su grandeza, que estoy convencida que la tiene, sino porque no: ¿a quién le importará realmente lo que valga esa isla? Si hago un sondeo por estos cien barrios porteños y me pongo socrática, daré a luz otra verdad (que detesto sobremanera): que esos chinos, porque que tengan ojos rasgados los vuelve chinos también, nos van a dar una patada en el culo un día de estos. Sólo que ahora van a estar entretenidos reconstruyéndose un poquito, ergo pequeño recreo de libertad.
Exagero, acá somos todos buenos cristianos y cómo vamos a pensar eso. A lo sumo, que son mejores y punto. Igual, capaz sea así. No es lo que me revienta, sino que unas tragedias muten y mueran en otras, estas nuestras de cada día, las que funcionalmente andan gritando a viva voz estos periodistas del bonete (me enojé hoy), que seguimos siendo unos ineptos (pero ineptos que miran la tele y se hacen cruces con violadores, asesino, secuestradores, ladrones, corruptos y otras yerbas cuando entran en escena con musiquita de fondo y un titular en rojo) y así ad infinitum (o hasta octubre, que hay que votar, camaradas).
Entonces cambio de canal, ¿y a quién veo vivito y coleando?
Cosa segunda: El discurso del flamante Premio Nobel de la Paz, modelo 09 (si logro encontrarlo completo en youtube, lo subo). Pues este señor, de saco y corbata, muy correcto, seguramente con las uñas de los pies cortadísimas y oliendo a Francia. Lástima que sus buenos modales se le fueron al tacho y la cagó (perdón, mister president, pero usté la cagó fiero). Sería una desfachatez de mi parte citarlo y mucho más en un argentino tercermundista (ni siquiera en un castellano respetable) esto que le resumo a la muchachada: que el petróleo no aumentará un joraca (guiño a mi amiga Shion, que es japonesa, que gracias a algo está “re bien, todo bien”) porque YO estoy con ustedes, dudes. Y ahora me permito explayarme indebidamente: que si lo que tenemos en casa no alcanza para palear nuestras vacaciones, encontraremos nuevas armas nucleares, hallaremos otro B.L. y listo el pollo. O por ahí que me pienso algo más inteligente, que soy capaz y no me gusta repetir fórmulas. Así que, tranquilos, muchachotes, no cunda el pánico y sigan tragando donats como estas. Y aguante el american way of life, carajo!!!
¿Eso dijo? Ay, este Nobel aguerrido, siempre dispuesto a pelear por su people, que de vez en cuando justifica en películas pochocleras (no quiero decir pedorras) a Hiroshima y Nagasaki, pero ahora ojo que somos aliados y que además, este tzunami supera seis veces a esos episodios del tiempo del Ñaupa, que para qué sacar los trapitos sucios, que en casa…
Que en casa, si hubiera pasado yo no estaría vociferando estas dos cosas tan descaradamente, como si fuera capaz de rajar la tierra.
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*A todos los japoneses que no hubieran leído nunca a una vaca como yo, pero que nunca sabré.